lunes, 20 de octubre de 2008

La educación- CRONICA DE LO CERCANO

La educación

CRÓNICA DE LO CERCANO  (por Leandro Vidovic)


- La maestra le pregunta al alumno

– ¿Qué es eso que tenés en el bolsillo?

– Son tarjetas de crédito, Seño. Mi papá me las dio para que juegue. ¿Quiere una?

– No, pero ¿cómo te las dio tu papá? ¿Para qué te sirven?

– Yo las uso en casa, en el cajero que trajo mi papá el fin de semana.

Ese no es el diálogo de un chiste de Jaimito, sino el diálogo de una maestra de la Escuela de Gestión Estatal Nº 51 de Florencio Varela (“Mariana”) y uno de sus alumnos de 1° grado.  Efectivamente, el papá del alumno robaba tarjetas de crédito y entre otras cosas, también robo un cajero automático entero de una de las sucursales del Banco Provincia de Florencio Varela. Pareciera una nota de color para esta sociedad en la que estamos tan acostumbrados a ver estas historias por los noticieros, pero ¿alguien pensó en el futuro de este chico que ve como su padre se gana la vida? ¿qué educación puede plantearse desde la escuela a una sociedad que convive con esta realidad?

Para responder a esta amplia pregunta comencé a indagar sobre puntos que se tienen en cuenta a la hora de pensar un proyecto educativo en una escuela  y entonces mis dudas aumentaron.

Hay quienes creen que toda esta problemática se puede reducir a tener en cuenta el sector geográfico desde donde se mire a la educación, pero ¿Cómo analizar de esa manera un distrito como Quilmes, en donde las realidades institucionales de los colegios se presentan tan heterogéneas aun en radios geográficos de muy pocos kilómetros? 

Teniendo es cuenta estas preguntas fui en busca de alguien que pueda al menos orientarme dentro del distrito de Quilmes.

Llegué al Colegio PATER, en Bernal, donde su Representante Legal, Daniel Pérez, me atendió muy amablemente. Fueron dos horas en las que Pérez me explicó las razones por las cuales él, junto con su esposa Irene, había fundado un Colegio en una zona que, por aquel entonces, no estaba del todo poblada.

El Colegio está en la calle Liniers esquina Origone, a una cuadra del barrio “Los Eucaliptos”, una de las villas de emergencia más delinquivas de Bernal. Eso hace, entre otras cosas, que el tema de la inseguridad esté a flor de piel diariamente en los directivos del colegio. Sin embargo, a la vez que el nivel socio-económico de gran parte del alumnado sea alto, existen familias que vienen de “los eucaliptos” a prepararse al “PATER”, a pesar de que la cuota no es lo que se diría un regalo, al contrario, oscila alrededor de los 300 pesos. 

Ese dato tira por la borda mi teoría de que a cada  sector social le corresponde un tipo de colegio distinto. Y entonces me doy cuenta el por qué conviven tantos colegios dentro de una zona en la que las diferencias pasan de las camionetas Kia Sorento 2008  a las zapatillas imitación de Topper con las puntas gastadas y los dedos al aire.

Para que puedan entender esto, me veo en la necesidad de describir la geografía de la zona. Sobre la calle Av. Lamadrid (que sería la frontera entre Quilmes Oeste y Bernal) y desde Av. Calchaquí (tramo de la ruta 2) hasta Av. Dardo Rocha se puede ver un paisaje que pasa de un barrio con casitas lindas y algunos locales que no llegan a dar la imagen de centro comercial (pero al fin son locales) a un mundo de calles de tierra entrecortadas, entre enormes eucaliptos que dan su nombre a una villa de emergencia que aun espera el otorgamiento de 530 casas de material. 

Ahora bien, en ese contexto podemos encontrar varios colegios que responden a características tan dispares como su barrio. El ya presentado Colegio PATER, que cuenta con una tradición reconocida en Bernal, por su fama lograda en las fiestas patronales y sus representativos fogones. El colegio Alto Sol, un colegio privado que se podría decir, es el más heterogéneo, pues recibe alumnado de una amplia gama de sectores sociales. La escuela de Enseñanza Media Nº 20, la escuela del estado que nuclea, paradójicamente, la menor cantidad de alumnado de la zona (aproximadamente el 50% viene de otros barrios). El Colegio Proyección XXI, quizás el colegio más pequeño de los cuatro pero uno de los que tiene más definida su matrícula (me refiero, tiene menos amplitud y mayor solvencia económica). En limpio, existen cuatro colegios para una población de aproximadamente cuarenta manzanas.

Hasta aquí me encontré con un panorama distinto al que esperaba encontrar. Daniel Pérez me hablaba de la presentación de un ideario de colegio al que los padres eran invitados y participados dentro del mismo. Sin embargo, me pregunto como plantear desde una institución educativa la convivencia de familias con realidades tan diferentes.

 Un problema que me instó a entrevistar a Javier Rivero, Director de la sección de Polimodal del Colegio PATER y profesor de Ciencias Económicas en el colegio “San José” y en varios profesorados. El hombre parece tranquilo, a pesar de que la pregunta lo inquieta

- ¿Cuál es el objetivo de la educación en una comunidad escolar con amplias diferencias socio- económicas?

- En realidad, el objetivo no es el que todos tienen presente cada vez que se habla de educación. Acá, por ejemplo, me la paso todos los días haciendo las veces de Psicólogo de chicos y adultos. El objetivo que expone un diseño curricular no termina de cuajar nunca cuando la realidad te sobrepasa. Obviamente se debe hablar de un objetivo teórico que tiene que ver con los saberes básicos del nivel. Pero por otro lado los chicos de hoy vienen con una gran carga emocional: familias destruidas, chicos golpeados o abusados, alumnos sobre-exigidos por sus propios padres.

La realidad que sobrepasa también a esta crónica, una realidad que ya no habla solo de problemas intra-escolares sino que se expande y compromete a toda la sociedad, en un espiral de incongruencias que se viven día a día en la calle, en las casas, en las familias, en la televisión.

No obstante, el problema que se plantea se agrava más cuando salgo de lo que es la educación estrictamente privada y me interiorizo en la educación pública. A pocas cuadras del PATER, me dirijo a la escuela Nº 20, pero allí nadie quiere hablar. Sin embargo, y a pesar del silencio, observo varias cosas que me dejan entrever la debacle de un sistema educativo. Paredes rotas en el interior, inscripciones en el exterior que, a metros de la primer ventana, dice “seño Flor, te vamo’ a hacer mierda”. Se nota el bajo presupuesto que se otorga a la educación de gestión estatal tan solo con acercarse a alguna escuela y observar hacia adentro. Ago que no se sabe bien  que es te dice que algo no anda bien.

Hace 30 años estudiar en una escuela estatal todavía representaba una promesa de buena enseñanza, de presencia de docentes de excelencia, que por su vocación y sabiduría eran respetados por padres y alumnos. 30 años bastaron para que la historia educativa de un vuelco profundo dentro de la sociedad. Hoy la escuela de gestión pública es sinónimo de desorden, paros docentes y delincuencia. Hoy, este formato de escuela lucha por satisfacer necesidades básicas que no están cubiertas por políticas sociales concretas. Escuelas comedores, que cumplen la función de garantizar la alimentación de los chicos que, en sus casas, no tienen que comer. Escuelas de retención.

“La escuela pública ha transformado su objetivo de asegurar una educación formal de calidad en una simple “guardería” de adolescentes que, si no estuvieran en la escuela, estarían robando o vagando.”, dice Mónica Churi, directora del nivel primario en el Colegio Mancedo, uno de los colegios privados más caros de Quilmes. Churi plantea que esta etapa de la educación estatal está provocada por la falta de políticas concretas de parte del estado en lo que tiene que ver con salud, apoyo psicológico y formación de docentes especializados. “La falta de recursos en las escuelas estatales originan una brecha cada vez mayor con respecto a las de educación privada. Hoy por hoy, la generalidad de la gente se orienta a las escuelas privadas porque por lo menos les aseguran que van a tener clases.”

Un panorama bastante negro se puede ver si se tiene en cuenta que las políticas a nivel provinciales de educación exigen garantizar la terminalidad de los estudiantes, dejando de lado todo lo demás expuesto. Así, las condiciones de trabajo para los docentes se hace cada vez más difícil, y cada vez son más los docentes que prefieren trabajar en los colegios privados. La diferencia que se da entre unos y otros (modelos de escuela) hace que se acentúe aun más una tendencia que viene haciéndose notar en toda sociedad argentina: la brecha entre los que tienen futuro y los que no; entre los que se sienten dentro de la civilización y los excluidos sociales.

El informe comenzaba planteando una pregunta: ¿Cómo hacer frente desde la educación a la realidad social en la que muchos chicos están insertos hoy? La respuesta parece ser  bastante apocalíptica, teniendo en cuenta que los objetivos de la educación también hoy son detonadores del ensanchamiento del abismo social que separa dos realidades institucionalizadas. La señorita “Mariana” de la escuela de Varela, seguirá encontrándose con esas historias a los que no podrá hacer frente mientras no haya un cambio de cuajo en las políticas sociales que, si es que existen, hoy son obsoletas.

 Ya no es la zona, el poder adquisitivo, la familia o la creencia la que separa los estratos sociales, sino la problemática de caer dentro o fuera de un modelo al que pareciera que nadie puede manejar; un tren que va directo al abismo. ¿Quién redireccionará  los rieles?  

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