jueves, 6 de noviembre de 2008

Cuento

FIN

 

         La oscuridad. La nada. Ya no se escuchan los pasos abotinados que rítmicamente sonaban en el pasillo. Ya no cruje la puerta con ese ruido que pareciera desgarrar los pernos del marco. Y lo mas importante, ya no late agitadamente mi corazón y mi mundo se derrumbó.

El final no era el que esperaba. Por lo menos no como lo pensaba cuando creía que podía ir contra viento y marea buscando la libertad. Tantas veces había salvado mi pellejo escapando de los más temerosos peligros que no podía imaginar jamás que mi final sería tan absurdo.

Todavía recuerdo esa noche, la de la consumación de este horrible crimen. Yo estaba como siempre, tratando de matar mi tiempo libre y mi insomnio con algo la de comida que podía encontrar en la heladera, una Siam vieja que parecía caminar del ruido que hacía permanentemente, pero que sin embargo, congelaba como el mismo polo norte. La soledad se había adueñado de mi hacía ya mucho tiempo y esas ganas de vivir en libertad ya estaban muertas en mi. La chica con la que vivía no registraba mis acciones; y eso que me esmeraba en demostrarle que existía, ella me ignoraba. Siempre creí que ella tenía un concepto equivocado de mi, seguramente ella pensaba que yo era un ser egoísta que solo vivía para molestarla. A veces me hacía temer por mi vida, porque sentía que la indiferencia con que siempre me trataba en realidad escondía un odio muy profundo que desembocaría en mi muerte.

Ella debe estar feliz con lo sucedido. Ella y su amante. Ese que de vez en cuando aparecía en nuestras vidas para hacer más notoria mi debacle, mi caída hacia lo más bajo de la depresión. La soledad era total cuando sonaba el celular de Claudia, porque sabía que eso significaba otra noche sin sonidos, sin compañía, sin calor.

Recuerdo que esa noche, la de la consumación, algo no pasó como esperaba. El celular había sonado como a las 7 pm; Claudia había salido a las 8:30, después de bañarse, peinarse e ignorarme; yo me encontraba solo como siempre, buscando a cada rato un poco de comida en la heladera. De pronto, ruidos…pasos (deben ser de mujer o de un militar, pensé)…la puerta que cruje…yo, asustado me asomo…

Solo recuerdo que alguien gritó: -“Pero mirá que cucaracha de mierda”

No entiendo porque, pero siempre pensé que podía llegar a morir de viejo. En fin, triste destino en de las cucarachas.

lunes, 20 de octubre de 2008

La educación- CRONICA DE LO CERCANO

La educación

CRÓNICA DE LO CERCANO  (por Leandro Vidovic)


- La maestra le pregunta al alumno

– ¿Qué es eso que tenés en el bolsillo?

– Son tarjetas de crédito, Seño. Mi papá me las dio para que juegue. ¿Quiere una?

– No, pero ¿cómo te las dio tu papá? ¿Para qué te sirven?

– Yo las uso en casa, en el cajero que trajo mi papá el fin de semana.

Ese no es el diálogo de un chiste de Jaimito, sino el diálogo de una maestra de la Escuela de Gestión Estatal Nº 51 de Florencio Varela (“Mariana”) y uno de sus alumnos de 1° grado.  Efectivamente, el papá del alumno robaba tarjetas de crédito y entre otras cosas, también robo un cajero automático entero de una de las sucursales del Banco Provincia de Florencio Varela. Pareciera una nota de color para esta sociedad en la que estamos tan acostumbrados a ver estas historias por los noticieros, pero ¿alguien pensó en el futuro de este chico que ve como su padre se gana la vida? ¿qué educación puede plantearse desde la escuela a una sociedad que convive con esta realidad?

Para responder a esta amplia pregunta comencé a indagar sobre puntos que se tienen en cuenta a la hora de pensar un proyecto educativo en una escuela  y entonces mis dudas aumentaron.

Hay quienes creen que toda esta problemática se puede reducir a tener en cuenta el sector geográfico desde donde se mire a la educación, pero ¿Cómo analizar de esa manera un distrito como Quilmes, en donde las realidades institucionales de los colegios se presentan tan heterogéneas aun en radios geográficos de muy pocos kilómetros? 

Teniendo es cuenta estas preguntas fui en busca de alguien que pueda al menos orientarme dentro del distrito de Quilmes.

Llegué al Colegio PATER, en Bernal, donde su Representante Legal, Daniel Pérez, me atendió muy amablemente. Fueron dos horas en las que Pérez me explicó las razones por las cuales él, junto con su esposa Irene, había fundado un Colegio en una zona que, por aquel entonces, no estaba del todo poblada.

El Colegio está en la calle Liniers esquina Origone, a una cuadra del barrio “Los Eucaliptos”, una de las villas de emergencia más delinquivas de Bernal. Eso hace, entre otras cosas, que el tema de la inseguridad esté a flor de piel diariamente en los directivos del colegio. Sin embargo, a la vez que el nivel socio-económico de gran parte del alumnado sea alto, existen familias que vienen de “los eucaliptos” a prepararse al “PATER”, a pesar de que la cuota no es lo que se diría un regalo, al contrario, oscila alrededor de los 300 pesos. 

Ese dato tira por la borda mi teoría de que a cada  sector social le corresponde un tipo de colegio distinto. Y entonces me doy cuenta el por qué conviven tantos colegios dentro de una zona en la que las diferencias pasan de las camionetas Kia Sorento 2008  a las zapatillas imitación de Topper con las puntas gastadas y los dedos al aire.

Para que puedan entender esto, me veo en la necesidad de describir la geografía de la zona. Sobre la calle Av. Lamadrid (que sería la frontera entre Quilmes Oeste y Bernal) y desde Av. Calchaquí (tramo de la ruta 2) hasta Av. Dardo Rocha se puede ver un paisaje que pasa de un barrio con casitas lindas y algunos locales que no llegan a dar la imagen de centro comercial (pero al fin son locales) a un mundo de calles de tierra entrecortadas, entre enormes eucaliptos que dan su nombre a una villa de emergencia que aun espera el otorgamiento de 530 casas de material. 

Ahora bien, en ese contexto podemos encontrar varios colegios que responden a características tan dispares como su barrio. El ya presentado Colegio PATER, que cuenta con una tradición reconocida en Bernal, por su fama lograda en las fiestas patronales y sus representativos fogones. El colegio Alto Sol, un colegio privado que se podría decir, es el más heterogéneo, pues recibe alumnado de una amplia gama de sectores sociales. La escuela de Enseñanza Media Nº 20, la escuela del estado que nuclea, paradójicamente, la menor cantidad de alumnado de la zona (aproximadamente el 50% viene de otros barrios). El Colegio Proyección XXI, quizás el colegio más pequeño de los cuatro pero uno de los que tiene más definida su matrícula (me refiero, tiene menos amplitud y mayor solvencia económica). En limpio, existen cuatro colegios para una población de aproximadamente cuarenta manzanas.

Hasta aquí me encontré con un panorama distinto al que esperaba encontrar. Daniel Pérez me hablaba de la presentación de un ideario de colegio al que los padres eran invitados y participados dentro del mismo. Sin embargo, me pregunto como plantear desde una institución educativa la convivencia de familias con realidades tan diferentes.

 Un problema que me instó a entrevistar a Javier Rivero, Director de la sección de Polimodal del Colegio PATER y profesor de Ciencias Económicas en el colegio “San José” y en varios profesorados. El hombre parece tranquilo, a pesar de que la pregunta lo inquieta

- ¿Cuál es el objetivo de la educación en una comunidad escolar con amplias diferencias socio- económicas?

- En realidad, el objetivo no es el que todos tienen presente cada vez que se habla de educación. Acá, por ejemplo, me la paso todos los días haciendo las veces de Psicólogo de chicos y adultos. El objetivo que expone un diseño curricular no termina de cuajar nunca cuando la realidad te sobrepasa. Obviamente se debe hablar de un objetivo teórico que tiene que ver con los saberes básicos del nivel. Pero por otro lado los chicos de hoy vienen con una gran carga emocional: familias destruidas, chicos golpeados o abusados, alumnos sobre-exigidos por sus propios padres.

La realidad que sobrepasa también a esta crónica, una realidad que ya no habla solo de problemas intra-escolares sino que se expande y compromete a toda la sociedad, en un espiral de incongruencias que se viven día a día en la calle, en las casas, en las familias, en la televisión.

No obstante, el problema que se plantea se agrava más cuando salgo de lo que es la educación estrictamente privada y me interiorizo en la educación pública. A pocas cuadras del PATER, me dirijo a la escuela Nº 20, pero allí nadie quiere hablar. Sin embargo, y a pesar del silencio, observo varias cosas que me dejan entrever la debacle de un sistema educativo. Paredes rotas en el interior, inscripciones en el exterior que, a metros de la primer ventana, dice “seño Flor, te vamo’ a hacer mierda”. Se nota el bajo presupuesto que se otorga a la educación de gestión estatal tan solo con acercarse a alguna escuela y observar hacia adentro. Ago que no se sabe bien  que es te dice que algo no anda bien.

Hace 30 años estudiar en una escuela estatal todavía representaba una promesa de buena enseñanza, de presencia de docentes de excelencia, que por su vocación y sabiduría eran respetados por padres y alumnos. 30 años bastaron para que la historia educativa de un vuelco profundo dentro de la sociedad. Hoy la escuela de gestión pública es sinónimo de desorden, paros docentes y delincuencia. Hoy, este formato de escuela lucha por satisfacer necesidades básicas que no están cubiertas por políticas sociales concretas. Escuelas comedores, que cumplen la función de garantizar la alimentación de los chicos que, en sus casas, no tienen que comer. Escuelas de retención.

“La escuela pública ha transformado su objetivo de asegurar una educación formal de calidad en una simple “guardería” de adolescentes que, si no estuvieran en la escuela, estarían robando o vagando.”, dice Mónica Churi, directora del nivel primario en el Colegio Mancedo, uno de los colegios privados más caros de Quilmes. Churi plantea que esta etapa de la educación estatal está provocada por la falta de políticas concretas de parte del estado en lo que tiene que ver con salud, apoyo psicológico y formación de docentes especializados. “La falta de recursos en las escuelas estatales originan una brecha cada vez mayor con respecto a las de educación privada. Hoy por hoy, la generalidad de la gente se orienta a las escuelas privadas porque por lo menos les aseguran que van a tener clases.”

Un panorama bastante negro se puede ver si se tiene en cuenta que las políticas a nivel provinciales de educación exigen garantizar la terminalidad de los estudiantes, dejando de lado todo lo demás expuesto. Así, las condiciones de trabajo para los docentes se hace cada vez más difícil, y cada vez son más los docentes que prefieren trabajar en los colegios privados. La diferencia que se da entre unos y otros (modelos de escuela) hace que se acentúe aun más una tendencia que viene haciéndose notar en toda sociedad argentina: la brecha entre los que tienen futuro y los que no; entre los que se sienten dentro de la civilización y los excluidos sociales.

El informe comenzaba planteando una pregunta: ¿Cómo hacer frente desde la educación a la realidad social en la que muchos chicos están insertos hoy? La respuesta parece ser  bastante apocalíptica, teniendo en cuenta que los objetivos de la educación también hoy son detonadores del ensanchamiento del abismo social que separa dos realidades institucionalizadas. La señorita “Mariana” de la escuela de Varela, seguirá encontrándose con esas historias a los que no podrá hacer frente mientras no haya un cambio de cuajo en las políticas sociales que, si es que existen, hoy son obsoletas.

 Ya no es la zona, el poder adquisitivo, la familia o la creencia la que separa los estratos sociales, sino la problemática de caer dentro o fuera de un modelo al que pareciera que nadie puede manejar; un tren que va directo al abismo. ¿Quién redireccionará  los rieles?  

lunes, 13 de octubre de 2008

Polo petroquímico de Dock Sud

NOTA DE LECTOR

No tan Buenos Aires (de Pablo Plotkin)

“…una explosión ahí sería el doble de poderosa que

la bomba atómica sobre Hiroshima…”

Era de suponer que el periodista se centrara en los aspectos de la espacialidad para contar una historia que tiene que ver justamente con el espacio; con el aire, el suelo, las calles, las casas, los chicos infectados y el olor, que más que olor es veneno.

Pablo Plotkin creo que tuvo que ensuciarse las manos para llevar a cabo esta crónica, que me recuerda mucho a los trabajos de Daniel Malnatti en CQC.

Construir la crónica en base a los testimonios de mucha gente que vive lo mismo pero que tiene algo distinto que contar no alcanza si no se está ahí y no se comprueba con la propia experiencia lo que cuenta la gente.

Plotkin utiliza un recurso muy hábil para lograr que todos los entrevistados “hablen”: va mechando las entrevistas con investigaciones previas y datos duros sobre las petroquímicas de Dock Sud, y lo hace separando la crónica en varias partes subtituladas. En ese sentido, no busca que la relación espacio-tiempo se de cronológicamente, porque intuyo que lo que a él le interesa es contar los riesgos que corre Buenos Aires a causa del Polo Petroquímico de Dock Sud.

Lo que se puede ver es un hilo conductor que comienza y termina en Cicero, un carnicero de la zona que se pasea con Plotkin en busca de los pescadores del arroyo Sarandí (contaminado por las petroquímicas). A su paso se cuentan las diferentes historias con sus respectivos anclajes teóricos y hasta, entre ellas, esta el encuentro del periodista con la gente de Shell, que asegura que no hay por que alarmarse, ya que la zona, según sus estudios, no es peligrosa.

Algunas frases

· “…este canal toma las aguas servidas de los frigoríficos, es una cloaca a cielo abierto…” (Juan Carlos Cicero)

· “…el año pasado Greenpeace definió a Tri-Eco como una “Fábrica de cáncer” (Greenpeace)

· “Aquí se calcula que si explotara el polo petroquímico pasarían dos cosas: una, que no quedaría nada en pie. Y la otra es que el poder destructivo podría alcanzar los diez megatones, unos seis más de lo que generó la bomba de Hiroshima” (Soc. Fomento Dock Sud)

· “…cada vez hay más fábricas, pronto no se va a poder respirar…tenés que sentir el olor a la noche” (Pirucha, vecina del Polo)

· “¿Y el benceno, también cancerígeno? No es un problema. O en todo caso, es lo que sale de los caños de escape, así que…” (Blas Vinci- Gerente de Shell)

· “…En una zona industrial de primer nivel no debería haber residentes, porque es muy difícil manejar una situación de seguridad en ese estado…” (Vinci- Shell)

El tren de la Esperanza 99

NOTA DE LECTOR

En campaña con Duhalde y Ortega (de Emilio Fernández Cicco)

“…Manténganse lejos de la Esperanza…”


Supongo que el trabajo de periodista a veces obliga a hacer cosas que a uno no le gusta. Aunque viéndolo de otra perspectiva ¿no es eso lo más apasionante? Es decir, poder entrar en historias que a uno no le atrae y lograr sacar de la manera más objetiva posible, la mejor información para luego contarla.

El trabajo que hizo Cicco en el Tren de la Esperanza, allá por 1999, tiene algo de cada cosa. El itinerario, los actores de adentro del tren, los actores afuera del tren, la realidad de un país que pueblo a pueblo se encrudece más, y la conciencia de saber que se está conviviendo con políticos. Es como estar en un banquete donde todo está al alcance de la mano. Seguramente no habrá sido todo tan sencillo para Cicco, pero si emocionante.

Ahora bien, analizando la crónica específicamente en todas sus partes, me parece más bien una entrevista con esfuerzos editoriales del periodista. Lo que quiero decir es que no puedo encontrar más trabajo de investigación que su experiencia en el tren de la Esperanza. Sin desmerecerlo, creo que difiere mucho de las demás crónicas del libro.

Sin embargo, a la vez ésta crónica parece ser diminuta en comparación a las demás leídas, creo que es original, en el sentido de llevar a cabo algo tan difícil como el recorte de toda la información que Cicco debe haber recopilado y que no plasmó en la crónica. A pesar de hacer alguna que otra reseña a la historia de Duhalde y “Palito” Ortega, éstas no llegan a alterar el orden cronológico que tiene la crónica (tal vez es así porque a eso invita el viaje).

Pero si hay un aporte destacado referido a la crónica es el hecho de incorporar la entrevista por fuera de la crónica, como un apartado donde está bien claro quién pregunta y quién responde, hasta con los respectivos nombres- como una especie de guión teatral- al lado de cada respuesta. Creo que ese recurso elegido por Cicco no es casual, ya que esa entrevista se podría haber incorporado dentro de la crónica y darle así mayor cuerpo. Lo que Cicco intenta hacer, creo yo, es darle mayor importancia a su trabajo (entrevistar a los candidatos) que a contar lo que ve de una manera más exhaustiva.

Vallecito de fe

NOTA DE LECTOR

A caballos de la fe (de Hernán Brienza)

La Difunta Correa


Es una crónica que invita a imitar. Al leerla, a uno le dan ganas de armar un bolsito y salir a relevar vivencias que desnuden algo parecido a lo que hizo Hernán Brienza. Toda la crónica parece recargada de paisaje, descrito con minuciosidad en cada detalle. Seguramente, tanto el paisaje en donde se lleva a cabo la peregrinación como la peregrinación misma lleva a imprimirle un gran valor al espacio.

Sin descuidar los anclajes históricos del tema, Brienza atraviesa cada paso desde que comienza a contar su travesía peregrina, una hora antes de llegar a Vallecito, el lugar donde se levanta el santuario a la Difunta Correa.

Los actores que Brienza toma como testimonio de una creencia de tan lejos de Buenos Aires son peregrinos que se encuentra a medida que va caminando, que lo ayudar o lo cargan, que le cuentan anécdotas y lo invitan a tomar unos mates o un vinito. Sin embargo, gran parte del cuerpo de la crónica se lo da Maria C. Crauze, antropóloga especializada en mitos y leyendas sanjuaninas. A mi parecer, muchos de los datos con los que cuenta Brienza son brindados por ella, aun en los casos donde no se la nombra.

En el orden del discurso, se puede decir que la manera de mostrar la peregrinación desde adentro, tiene un trasfondo que también es importante destacar. El hecho de mostrar toda la pompa que se esconde y contextualiza la fe de un pueblo, me refiero a la presencia política, tanto oficial como opositora, no en carácter de feligreses sino más bien como lo que son, políticos en campaña permanente. Creo que esa imagen está muy bien lograda dentro del discurso sin ser demasiado pesado a la hora de criticarlo:

“De fondo, una voz castrense reivindicaba en el escenario mayor la “gesta de la campaña del desierto donde ejercito y gauchos batieron juntos al indio para construir la patria”, y una banda militar interpretaba Avenida de las camelias, la famosa marcha de los comunicados de la última dictadura. Pensé que algunas cosas ya estaban de más, que tanta pompa ya no encajaba en esta historia de necesidades silenciosas. Entonces, apuré el primer vaso de vino.”

Las hermanitas satánicas

NOTA DE LECTOR

Las hermanas satánicas (de Guido Bilbao)

“Quitarle el demonio”

La pregunta sería: ¿la crónica nace de una entrevista, o ésta es parte de una crónica? ¿el periodista recopila datos para encontrar el tema de su crónica o esos datos comienzan a aparecer a medida que se encuentra con su tema?

El caso de esta crónica es un ejemplo de cómo Guido Bilbao se planteó trabajar en base a la entrevista que tuvo con Gabriela Vázquez, una de las hermanas que en marzo de 2000 fueron declaradas por los medios como “las hermanas satánicas”, vinculando el asesinato de su padre con ritos a Lucifer.

La crónica comienza con la voz de dialogo de la entrevistada “-¿Tenés miedo?” y de allí en adelante Bilbao comienza a utilizar a la entrevistada como la voz introductora de cada una de las reseñas que dan cuerpo a la investigación.

Cuenta, por ejemplo, que los problemas comienzan con la abuela de Gabriela, el cual se desarrolla en tercera persona, aunque seguramente está contado por la propia Gabriela. Y allí sí se ve el pincel del artista, la capacidad del cronista de darle la mejor forma posible a una historia que, quizá contada mil veces por Gabriela, no tendría color. Entonces, se puede decir que el tiempo de la historia lo marca la entrevista, pero el tiempo del discurso es ese que pasa de la entrevista a lo ocurrido en la historia de Gabriela y de Silvina (la hermana “más satánica”).

Por otro lado, creo que a Bilbao le debe haber resultado difícil poder alejarse de todo lo escrito sobre esta historia para poder contar la otra historia, la que nadie escribió en el diario; para, de alguna manera, “sacarle el demonio” con el que siempre se caratuló el hecho. Contar lo demás, lo otro, es más interesante que repetir lo mismo que dijeron en todos los noticieros. ¿Qué fue de Gabriela y Silvina Vázquez después de ser detenidas? ¿Cómo viven hoy? ¿Cómo vivieron ellas esos momentos de infierno? Son cosas que nadie se pregunta y que, con mucha inteligencia, Guido Bilbao se anima a contestar.

Skinheads Sharp

NOTA DE LECTOR

“Skinheads antifascistas: El lado rojo de la fuerza” (de Alejandro Seselovsky)

“Son Skinheads de los otros,

los que están en contra del prejuicio racial”

Al comenzar a trabajar sobre las crónicas, a los periodistas- por lo menos a mi me pasa- nos cuesta tomar la distancia necesaria para no caer en los temas que el imaginario social maneja. Es como si buscáramos inconscientemente presentar un producto que abarque los tópicos que los lectores de alguna manera conocen; o como los lectores piensan sobre eso.

Alejandro Seselovsky creo que, teniendo en cuenta la crónica de los Skinheads, busco disociarse de esa forma de trabajo y creo que entregó una nota altamente periodística, no solo por la información que recopiló sino más por animarse a desnudar una realidad que, para la sociedad, es de otra manera.

El periodista se mete dentro de la vida de los Sharp, y desde esa experiencia cuenta la historia; una relato que comienza contando lo que ven sus ojos (“las corridas en Plaza de Mayo”) y, entre un poco historia y actualidad, termina mostrando lo que le cuenta “El Moko” uno de los tantos exponentes de esta cultura. Y para poder pasearse por todos esos ángulos, utiliza muy bien los recursos con los que cuenta: el tiempo. La manera de moverse dentro de la crónica hace que tenga que utilizar la temporalidad no de modo lineal, ya que el objetivo del periodista es dar el mejor panorama de lo que después va a contar. Por eso comienza por las corridas en Plaza de Mayo, que ocurrieron dos meses después de haber comenzado su experiencia Sharp. Luego la crónica pasa por una suerte de reseña histórica, que además de servir de transición entre el testimonio directo del periodista y el de los actores de la crónica, sirve para anclar qué son realmente los Skinheads, aunque la justificación de Seselovsky es mucho mejor:

La confusión se desvanece con diez minutos de revisión histórica: el mayor problema que tienen algunos tipos sociales más o menos establecidos (un pelado con borcegos es siempre un filonazi, por ejemplo) es que esos diez minutos no llegan nunca y entonces, ya saben: un pelado con borregos es siempre un filonazi. Así lo repiten las generaciones de movileros y cronistas, y así se va enquistando el desdibujo que un día se vuelve dibujo pleno sin contrahistoria”

Creo que, como dije al principio, lo que más destacó de esta crónica es eso de presentar una “contrahistoria”, que plantee una disyunción en el ideario establecido de la sociedad.

Por otro lado, la presentación del espacio es, como en la mayoría de las crónicas vistas, otro recurso ideal para mostrar un producto compacto en el sentido de dar una idea más real y acabada al contexto en donde se mueve el periodista. En este caso, Seselovsky no escogió una exhaustiva descripción de los lugares en sí, pero si se basó mucho en la descripción de los entrevistados y especialmente al final, en Moko.

Creo que la crónica sobre los Skinheads es una crónica muy inteligente. No ofrece grandes hazañas estructurales (literariamente hablando) ni tampoco un tema de interés social superlativo, pero creo que la intención de mostrar un poco de lo que no se ve (y no se verá nunca si nadie se toma esos diez minutos de revisión histórica) es de un gran aporte a la profesión y a eso de agudizar la mirada.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Conduciendo hacia el Sarmiento

Es un jueves gris, como esos días que invitan a quedarse en casa tomando unos mates y mirando por la ventana. La típica expresión del “¡Uy, qué frío! se repite varias veces el los labios de Débora, mi novia, que fue seducida esa noche por la idea de hacer algo distinto: ir al teatro.

Nunca fui de ir al teatro, y por eso debe ser que aquella noche tenía una mezcolanza de incertidumbres en mi cabeza. Sin embargo, la incertidumbre que más importaba en este momento era cómo llegar al teatro. ¿Subir la autopista en Bernal o ir por el acceso sudeste para ahorrarme $1,20? ¿Bajo en Huergo o en 9 de Julio? ¿Dónde está el Monumento a los españoles? Esas eran mis incógnitas, que fui respondiéndomelas en la medida en que me topaba con ellas.

Finalmente, logré sortear aquellas dudas, pero eso fue después de dar varias vueltas por Avenida Libertador sin encontrar el rumbo, sin que Débora pueda descifrar aquello que llaman “Guía T”.

Sin tener mucho en cuenta las ortodoxias del tránsito, apenas vislumbre un lugar frente a La Rural que decía: “Teatro Sarmiento” no lo dudé y doblé en “U” por la avenida, previo a ver que no había tráfico en ninguno de los sentidos de la avenida Sarmiento. De haber sabido lo que me esperaba en el teatro, seguramente me hubiera acordado de las explicaciones del Ingeniero Guido Valentinis…

La mente

Compleja la mente humana, que pre-conceptualiza las cosas que aun no conoce. Es un ejercicio que se da inconscientemente y que, de alguna manera, forma gran parte de nuestro universo desconocido. Muchas veces uno cree que sabe como son las cosas por el simple hecho de haber escuchado de ellas, o hasta por ver fotografías o películas en donde aquellas cosas existen. No tenemos ninguna certeza real de que las cosas son así, pero estamos convencidos de que lo tenemos bien claro.

Ese jueves yo tenía una imagen de gran teatro esperándome. La bonetería con una cartelera llena de fechas y de obras con actores de renombrado prestigio. Veía en mi mente un semicírculo de butacas de la más fina madera, revestida con un tapizado de alguna tela fina roja. Veía un escenario imponente, lleno de luces que se prenden y se apagan al compás de las escenas, junto a un telón rojo de siete metros de altura que disimula todos los artificios previos a la escena que los actores producen en el detrás.

A medida que ingresaba al Teatro Sarmiento toda esa idea se me iba deshojando. Una ventanita a la izquierda del hall de entrada era la boletería. Alrededor solo había una señora de sacón de piel, entrada en años, que invitaba a sacar las mas absurdas conclusiones: desde que aquella distinguida dama ocupaba el mismo lugar todas las noches en el mismo teatro (algo así como un socio vitalicio que quiere hacer valor su condición de socio y va a la cancha aunque nieve) hasta que se había escapado del zoológico de Buenos Aires abrazada por un bisonte que se le había pegado desde el cuello hasta la cintura.

Pero más allá de reparar en pequeñeces que podían resultarme anecdóticas, mis nervios por conocer por fin un teatro real aumentaban cada minuto. Débora, sin embargo, estaba tranquila. Ella ya había planeado que íbamos a hacer al salir del teatro: había visualizado un Mc Donals en la rotonda de la esquina de Sarmiento y Santa Fe.

Las tablas

Nueve de la noche en punto. Alguien sale y me parece escuchar que invita a todos a ingresar, la obra va a empezar. Débora y yo encabezamos la fila de estudiantes del taller de escritura que estuvimos presentes esa noche. Sin embargo, cuando se abrió la primer puerta me dio la impresión de que no estaba entrando a la zona de butacas, sino al detrás del escenario. Por un momento pensé:-“¿no me habré equivocado y este camino conduce al escenario?”. Luego, una muchacha de pelo rubio (fruto del artificio estético de la peluquería), me pidió las entradas había comprado por quince pesos. Seguí mi rumbo ya seguro de que ese camino me llevaría a un lugar correcto.

Ahora bien, atrás quedó aquella imagen psíquica de un teatro con butacas y escenario imponentes. El cuadro del salón podría definirse simplemente como un salón amplio, con sillas dispuestas sobre una suerte de gradas que formaban tres filas. Con un máximo de cincuenta personas, esa noche había como mínimo treinta lugares vacíos. En el frente busque el escenario pero no lo encontré. No como yo lo esperaba. Había una mesa común y corriente, dos hombres jugando al truco (que ni siquiera hablaban como para que los escuchemos) y una mujer cebando mate sin intervenir en la contienda “naipera”. Así, sin saber si eso era parte de la obra o eran personas a las que no les avisaron que allí no podían estar, pues era el escenario de “Escuela de Conducción”, encendí mi grabador y lo camuflé debajo de mi campera; me gusta hacer eso cuando no esta permitido hacerlo, aunque esta vez fue diferente a las demás

El trío, el guión y los sentimientos

Por fin comenzó la acción. Luego de cinco minutos de un juego de truco que seguro se definió en las quince buenas, los tres actores salieron de su letargo y, acompañados por una zamba de Horacio Guarany interpretada por los Tucu-Tucu y luces tenues, hicieron un paso de baile que invitaba al desconcierto total. Una pantalla detrás de escena pasaba imágenes de una película antigua. La mujer comienza a sacar cosas de su cartera. En definitiva, me costo varios minutos captar el hilo del guión que realmente ahora me pregunto si existe. Lo que si existe es que tanto Guido Valentinis como Carlos Toledo y Liliana Sigismondi son empleados del A.C.A. Lo que los diferencia del resto de los actores es que no son actores, sino gente que habla de la realidad que viven diariamente.

Más allá del guión, que entremezclaban humor, monólogos, clases de conducir, algo de canto y baile, quizás lo que más me impresionó fue la capacidad de estas personas de comunicar sentimientos, de manera disgregada pero con profundidad. Un testimonio de Liliana hablando de sus padres, o una carta que la esposa de Carlos le escribió hace, y que éste lee con emoción lagrimosa, fueron momentos de alto impacto emocional.

Pero así como empezó la obra, terminó. De manera casi inesperada (y digo casi porque ya nos habían avisado que esto iba a ser así) los mismos actores invitaron a todo el público a comer una picada de campo en un salón preparado con una mesa y mucha comida a la derecha del invisible escenario.

Y así transcurrió esta experiencia teatral, que como broche de oro fue cerrada por una de las anfitrionas del lugar que, aunque no se quien es, me acerque mientras nos devorábamos pequeñas empanadas de carne. Le pregunté como nació esta manera de hacer teatro, que caracteriza todo el ciclo de obras de Vivi Tellas llamado Biodramas. Ella me respondió: -“lo único que se busca es poder contar un pedazo de realidad con la construcción artística necesaria, para que no sea simplemente un testimonio de vida, pero que tampoco se convierta en ficción”. Si, ya se……..me suena a crónica………

Una salida a los pasillos de la UNQ

Antes de que la profesora nos pida salir, yo ya tenía pensado hacer una recorrida por los pasillos de la universidad. Culpa del hambre ineludible que me había atacado iba a abandonar unos minutos la clase.

Al salir, los pasillos que llevan al buffet tomaron un sentido mucho más complejo. Mis primeros pasos se chocaron con los mensajes que me dejaban una gran cantidad de carteles, que siempre estuvieron, pero que nunca sentí que me hayan hablado como esa noche. Me enteré que los chicos de música están buscando un bajista para formar una banda, que existen en la universidad docentes que habitan en una oficina y que jamás había escuchado de su existencia.

Sin embargo, mi objetivo no había cambiado: debía callar los ruidos que emitía mí estomago. Sin darme cuenta, mi mirada hacia el exterior se agudizó de tal manera que al llegar al buffet me había olvidado de mi cometido; tantas caras me rodeaban y tantas historias distintas. La mirada periodística o, mejor dicho, la inferencia de aquel que trata de leer una historia con solo ver las manifestaciones de la gente que se encuentra una sola vez, suele ser mas seductora que una cena a las apuradas en un buffet universitario.

Podría centrarme en una de esas historias que se me presentan potencialmente al alcance de la mano, y entonces mi crónica tomaría un color y un vuelo diferente, ya no necesariamente sería una crónica de una salida a los pasillos de la universidad simplemente. Por lo tanto elijo, como todo cronista que construye un trozo de la realidad de la manera que él cree conveniente, cumplir mi objetivo primero.

El hambre había mermado, pero igualmente desperdicie dos pesos y me compré un café que, para esa altura de la noche, estaba hecho con los últimos granos de café y con el agua más hervida que tenían.

Yo me fui satisfecho, aunque me quedé con las ganas de zambullirme en alguna de esas historias que siempre están latentes pero que pocas veces me animo a invadir.

domingo, 7 de septiembre de 2008

El Paradigma Indiciario


El texto plantea algo que muchas veces se nos escapa o que (tal vez más común) tomamos por invalorable o ilegitimo: la intuición.

Encontré a partir de lo que plantea Ginzburg, las tangentes que me llevan a entender la comunicación humana y la realidad en sí más ampliamente. La mirada de aquel que observa detenidamente un objeto se agudiza de manera tal que deja de lado lo que para todos es evidente y se instala en los detalles que pasan más desapercibidos.

En este sentido, Ginzburg plantea el ejemplo de la pintura: "...Es preciso, en cambio, examinar los detalles más omisibles y menos influidos por las características de la escuela ala que pertenecía el pintor..."

La mirada del que examinaba las pinturas y las copias, la del médico forense que, a priori, analiza el cadáver buscando indicios que denoten las posibles causas de deceso, o la de los adivinos mesopotámicos que intuían hechos pasados o futuros a través de la interpretación de casos presentes; son ejemplos que plantea Ginzburg para mostrar extremos del desarrollo del "paradigma indiciario".

Pero, ¿quién no aplicó el mismo método, por ejemplo, al pronosticar una lluvia o una hipotética enfermedad ocasional basándose en hechos individuales?

Teniendo en cuenta el "Paradigma indiciario" de Ginzburg, se me ocurre que el trabajo del periodista se vincula mucho al del detective (Sherlock Holmes). La atención del periodista debe estar puesta no solo en lo que ocurre a su alrededor, sino en los indicios que puede recolectar en ese espacio y en su capacidad para reconstruir hechos en base a ellos. Mirada que debe ser atenta e individual, o sea, altamente focalizada.

El desafío es tener en cuenta siempre la importancia de este método, que es aplicado mucho, pero que pocas veces se lo valora como una herramienta legitima y digna de crédito.

Mi iDeNtIkIt


Me pidieron que me presente y que muestre cuál es mi identidad. Buscando esa respuesta se me presentan dos caminos: “soy lo que dicen que soy” o “soy lo que digo ser”. Me doy cuenta que mi identidad está formada por ambos caminos y, aun así, no lograré sacar a la luz lo que íntegramente soy. Dicen por ejemplo que soy extrovertido y que me gusta hablar y que por eso elegí la comunicación como profesión, yo digo que soy bastante callado y que la comunicación me atrajo porque quizá siempre quise trabajar en algo que llene mis vacíos y mis carencias. En este sentido me gusta mucho transmitir, no solo conocimientos que podrían encontrarse en una biblioteca, sino también los valores que siento que me sostienen. De una manera u otra mi camino está trazado por la comunicación desde antes de que comience los estudios.


Con relación a la materia, me causa una gran incógnita porque la escritura me atrae mucho, aunque siento que no tengo la facilidad para desarrollarla. Creo que es una buena oportunidad para aprender más sobre las maneras y las estrategias de producir buenos textos. Mi relación con la literatura es bastante cercana, me gusta mucho leer, pero últimamente no encuentro los tiempos para poder disfrutar de las obras que quisiera leer.

Nací en Argentina, y eso se nota porque tengo algunos rasgos que forman parte de la identidad colectiva del país: soy familiero, me gusta el asado y el fútbol los domingos, los amigos. Tan argentino soy que la música que más me gusta es el tango y el folklore. Soy un enamorado de la música, y si hay algo que me transporta y me relaja es cantar.

Creo en Dios no como una estampita de cábala, sino como un Padre que me da fortaleza y una mirada distinta para afrontar la vida, que a veces nos golpea más de lo que esperamos.
Trabajo en la administración de un colegio de Bernal luego de haber trabajado tres años en una empresa en Núñez. Esos años generaron un gran desgaste en mí y un atraso en mis estudios, que dejé bastante de lado. Hace un año y medio, con este nuevo empleo, pude recuperar fuerzas y encarar con mas ganas el final de la carrera.

Estoy de novio hace dos años y ya estamos proyectando casarnos en dos años más. Vivo con mi mamá y mis dos hermanas, y con mi sobrinita de apenas un mes y medio. Además, tengo una perrita habitando en mi fondo.

Ah, me olvidaba lo más significativo: mi nombre es Leandro Vidovic (ciudadano Nº 30.307.996 de la Republica Argentina)